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¿Qué tanto callamos los callados?



Así como existen personas que no pueden dejar de comunicarse con el mundo, existen aquellos "mudos" que lo son por mera complacencia.

Callar es una ciencia, un arte, o un simple acto de inteligencia. No nos hace menos letrados, menos educados o menos atentos; callar es una elección y también una forma de vida.

Pero, por alguna razón, siempre habrá personas que crean que ser callado es malo, como si fuera algún sinónimo de "antisocial", lo que no siempre es correcto. Por eso, me he tomado la tarea de explicar qué tanto callamos los callados y resolver de una vez por todas este enigma.

Para empezar, callar es una forma de ahorrar energía, y esto no tiene que ver con ser perezosos. Hablar nos resulta agotador, pero más que agotador, desgastante. Preferimos elegir métodos más eficaces para comunicarnos, porque mientras más palabras ahorremos, mejor. Claro que omitir el preámbulo puede confundir un poco, pero mientras alguien no nos haga la pregunta correcta pueda que se quede con un misterio sin resolver.

Otra razón de ser callados es porque no confiamos en cualquier persona. Esto no tiene que ver con esta nos agrade o no. Somos desconfiados por naturaleza, buscamos personas que realmente se interesen por lo que tengamos que decir. Eso sí, una vez entramos en confianza lo más seguro es que ya no nos puedan callar.

Y es que los callados amamos nuestra privacidad y creemos que las cosas "privadas" que nos ocurren no son de interés público.

Esta razón tiene mucho que ver con la anterior, porque cada vez que contamos un secreto estamos a la expectativa de que el oyente lo replique. Es por eso que mantenemos a raya a la mayoría sobre nuestra vida cotidiana y solo cuando nos sentimos confiados nos abrimos a ella.

También es cierto que los callados buscamos la tranquilidad y el silencio. Posiblemente escuchemos música a bajo volumen o con audífonos y evitemos siempre comentarios que pueden llegar a ofender a la otra persona. Si no tengo nada bueno que decir, mejor no lo digo. Pensamos que si decimos algo directamente puede generar desdén y que no va a ser bien tolerado. Sin embargo, esto puede tener consecuencias negativas, por ejemplo, podemos vernos lastimados por una persona a la que no le hemos explicado que X comportamiento nos perjudica.

Así es, los callados somos increíblemente considerados con los demás. Medimos nuestras palabras porque no nos gusta ofender a los otros, pero, por curioso que parezca, siempre habrá quien desee ser enfrentado verbalmente. Nuestro némesis natural es aquella persona que no se puede reservar nada y tampoco acepta que los demás ser reserven cosas para sí. Estas personas suelen ser conflictivas, porque les gusta imponer sus pensamientos a los terceros.

Pero no nos gusta que nos ataquen sin razón. Desechamos el verbo callar como sinónimo de idiota. Callar no nos hace menos inteligentes o menos capaces y si bien callar mucho nos puede traer problemas, tiene de igual manera muchas ventajas.

Por ejemplo, los callados no explotamos fácilmente y esto nos puede ayudar a enfrentar circunstancias adversas, porque en momentos en donde se requiere mayor control, los callados estamos atentos, aprendiendo sobre cómo manejar estas situaciones.

Las personas acuden a nosotros cuando no saben qué hacer, porque callar hace que nuestras verdaderas opiniones se vuelvan importantes.

Quiero decir, ser callados nos hace más confiables. Sabemos escuchar y eso hace que la gente recurra a nosotros, ya que podemos comprender mejor el dolor y analizar mejor los problemas.

Y aquí otra razón, los callados elegimos mejor a nuestros amigos. Ahorrar tiempo en la conversación para usarlo en pensar nos ayuda a analizar con quién debemos juntarnos. Los callados podemos tener pocos amigos, pero sabemos que son amigos valiosos que no te dejarán solo cuando lo necesites.

Hacernos amigos de alguien nos tomará tiempo, pero una vez que consideremos a alguien nuestro amigo, seremos fieles a él o a ella.

Sí, aquí deberíamos hacer una pausa y escuchar Yo soy tu amigo fiel de Toy story, porque si algo tenemos los callados es que no dejamos a nuestros amigos solos. La amistad, la verdadera amistad, es valiosa para nosotros y nos aferraremos a ella, aunque terminemos lastimados.

Sin embargo, los callados somos también muy sentimentales, aunque parezcamos que somos fríos y distantes, bien sabemos que las palabras nos afectan más que a cualquiera, por eso ser callado es difícil y siempre tenemos que aprender cuándo dejar de hacerlo. Hacernos escuchar y enfrentar al mundo con nuestra voz es un reto que debemos superar. Pero en general somos así, deseamos ser así y por ningún motivo nos gustaría ser otra cosa.




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1 comentario

  1. Había un tiempo en el que no podía dejar de hablar, ahora me resulta difícil poder decir algo sin que mi cerebro no me diga que es una estupidez o que simplemente es vacío decirlo, quiero que cada palabra valga.

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