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Masculinidad herida

 


Y apropósito del escándalo generado por el zorrillo de la Warner Brothers o Pepe le Pew hace unas semanas, ¿no les pasa que la noticia que debería tener algún impacto para la comunidad feminista es opacada por noticias como la de Pepe?


Quiero decir, a mi realmente no me importa lo que suceda con una caricatura que fue transmitida hace más de 10 años, incluso si crecí con ella. Tampoco le encuentro sentido a censurar a un personaje que ya no se transmite. De todas formas, hay que considerar que lo que fue gracioso en su época, puede no serlo ahora y eso está bien, porque todo cambia.


Lo que verdaderamente me molesta es el show del que han hecho gala gran parte de los hombres, pues desde la noticia, mis redes sociales se inundaron de indignados por la injusticia cometida contra el zorrillo; con lo cual muchos pedían que se censurasen también personajes como: Pucca y Helga.


Esto me llevó a preguntarme: ¿por qué no se manifiestan de la misma manera ante un artículo machista? ¿Por qué cuando la víctima es una chica no veo al mismo grupo de heridos quejándose? ¿Por qué la mala siempre termina siendo ella?


Saltándonos la discusión del zorrillo, sabemos que cada día se publican noticias, artículos e imágenes que muestran los abusos, las injusticias y las discriminaciones cometidas contra las mujeres; pero también que, cada vez que esto ocurre, nunca falta el comentario que sale en defensa del hombre.


Como ejemplos hay muchos, pero les daré uno sencillo, una situación de machismo en la que todas alguna vez nos sentimos identificadas. En este caso, la publicación era en forma de imagen, y en ella se explicaba el significado de la frase “avísame cuando llegues a casa”, el cuál usamos de forma cotidiana, sin darnos cuenta, cuando nos despedimos de alguna amiga después de una noche de copas; esto por ponerla en un contexto.


El post fue atacado de inmediato por cientos de comentarios de hombres exigiéndole a la página “dejar de subir contenido en contra de los hombres”, pues era claro que esa situación no solo le ocurría a las mujeres, sino que muchos hombres también eran víctimas de robos y asesinatos. Tan solo un comentario, de todos los chicos, apoyó la información de la imagen; y tuve que agradecerle por eso.


No se trata de afirmar que los hombres no son víctimas de asesinatos, robos y demás, se trata de que ser mujer te convierte, quieras o no, en un ser más propenso a este tipo de incidentes; y no solo eso, te hace más vulnerable a sufrir otro tipo de abusos, como las violaciones o el simple acoso sexual.


Justo experimenté esta clase de temor el otro día y, a diferencia de la imagen, era temprano y brillaba el sol con intensidad. Ese día decidí caminar sola hasta el centro comercial ubicado a media hora de mi casa.


En cierto pasaje de mi ruta, un hombre de la calle con aspecto alarmante apareció agitando un palo. Y digo apareció porque de la nada salió por un callejón. Al verlo sentí miedo y de inmediato crucé la acera y caminé lo más deprisa posible para alejarme de él.

No digo que fuera a atacarme, tampoco digo que un hombre solo por ser hombre está vetado de algún incidente, pero siendo francos, una persona como esa va encontrar mayor interés en mí, que soy una chica joven y pequeña, que en un chico de mi misma edad y contextura promedio.


Episodios como este ocurren todos los días y seguramente alguna chica lo habrá experimentado en más de una ocasión. Al menos en mi caso, cada vez que salgo a la calle sola, hay una serie de pensamientos que no desaparece por más que intento dejarlos: ¿Y si me matan? ¿Y si me violan? ¿Y si me secuestran? ¿Qué harían mis padres? ¿Qué haría yo? El robo, chicos, es casi una preocupación menor.


Yo no tendría por qué tener esta clase de pensamientos al salir de mi casa. De hecho, nadie, hombres y mujeres tendríamos por qué tenerlo. Pero de eso, a pensar que los hombres son las mayores víctimas es alejarnos de la realidad. Nadie está diciendo que todos los hombres sean violadores en potencia, pero es un hecho de que la mayor parte de abusos sexuales, torturas, robos y asesinatos es cometido por uno; y ocultar este hecho no nos ayudará en nada, no mejorará en nada nuestra situación, ni nos hará menos vulnerables.


Sentarnos a discutir cómo los hombres inocentes, que no cometen esta clase de atrocidades, son las víctimas, no nos va llevar a ninguna parte, porque de nuevo estamos opacando la violencia contra la mujer para complacer un ego masculino.


Las noticias de violencia de género no necesitan una etiqueta que diga “se deja en claro que no todos los hombres son así”, porque es algo que se sabe y que nadie está cuestionando.


No voy a negar que ciertas noticias feministas desbordan a lo hembrista y generan cierto repudio de parte de los hombres, y con razones justificables, y en esos casos no me molesta leer comentarios de chicos quejándose, porque hasta les doy la razón. Pero cuando la noticia tiene alto contenido machista, es necesario tomarla con la seriedad que amerita, porque algo debe quedar claro, EL MACHISMO ESTÁ LEJOS DE DESAPARECER.


No porque “ciertas conductas” ya no se practiquen o sean la excepción y no la regla general significa que estamos en un mundo donde las mujeres convivimos en igualdad con los hombres. No opaquemos a las chicas vetadas del estudio o las chicas que son golpeadas por su pareja o chicas que, como yo, temen salir solas a la calle.


Ahora, más que nunca, necesitamos de toda la solidaridad posible, porque estamos cayendo en la creencia de que las mujeres estamos bien y que solo nos gusta hacer de “quejetas”.


Deténganse un momento antes de comentar una noticia y mediten si lo que van a decir es lo que se debe decir. Podrían, de hecho, mirar las noticias y solo revisar los comentarios de la gente, sin comentar, y darse cuenta, por ustedes mismos, de que la mayoría de los post feministas terminan siendo atacados sin ningún motivo.


Nadie les va a quitar el apoyo. Al contrario, el machismo afecta tanto a hombres como a mujeres, por lo que comentarios de odio no solo nos afectan a nosotras, sino que afectan a la población de hombres que se siente más identificado con parámetros femeninos, independientemente de su orientación sexual.


No olvidemos que el machismo es como el racismo. El hombre blanco creció con privilegios durante muchos cientos de años. Es decir, que acumuló por siglos y siglos privilegios que se traspasaron de una generación a otra. No de la noche a la mañana, en menos de un cuarto de la historia del mundo, la gente negra va a alcanzar los mismos privilegios solo porque ahora están mejores que antes.


Lo mismo ocurre con las mujeres. Cuando por tantos siglos las mujeres fuimos consideradas un patrimonio del hombre, no vamos a tener, de un día para otro, todos y cada uno de los privilegios que tienen los hombres.


El racismo no deja de existir aunque los afrodescendientes tengan más privilegios que antes y el machismo tampoco. Estas dos problemáticas, obligadas a guardar silencio por tantos años, son imposibles de callar ahora.



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