Desde sentirme culpable de la vez
que no le regalé un separador de libros a mi mamá, hasta la vez que dejé de
hablarle a alguien que me desagradaba. Lidiar con la culpa puede ser más
complicado de lo que parece.
Podría decirte los pasos que
debes seguir para dejar de sentirte culpable; podría, claro, si supiera cuáles
son esos pasos. La realidad es que tampoco tengo idea de cómo se supone debemos
cargar con este sentimiento. De lo que sí podría estar segura es de que existe
una palabra mágica que ayuda a entenderla mejor: depende.
Cuando iba a la universidad tenía
una compañera de casa. Una chica muy extrovertida que le gustaba hablar por
horas. Aunque me agradaba la idea de tener compañía, a veces podía tornarse
molesta, en especial cuando pedía prestadas mis cosas para luego demorarse
siglos en devolvérmelas.
Llegó el momento en el que
simplemente me cansé y le dije que ya no le iba a prestar nada, porque cuando
necesitaba mis cosas, ella las tenía. El resultado fue muy bueno, ella me
regresó mis pertenencias y dejó de insistirme. Si bien todo fue bueno, una
parte de mí se sentía culpable por herir sus sentimientos, pero a la vez no
podía pensar en una forma de solucionar las cosas sin ser honesta con ella.
En esos casos y para lidiar con
la culpa, reflexiono así: si él o ella no se tomaron la molestia de pensar en
cómo me sentía yo para empezar, ¿por qué me tengo que sentir culpable por
lastimarlos?
Creo que es positivo que pensemos
en los sentimientos de los demás, eso demuestra que somos buenas personas;
después de todo una sociedad solo funciona bien cuando somos empáticos. Sin
embargo, cuando nos encontramos frente a alguien que siempre está opacando o
pormenorizando nuestras emociones, creo que tenemos todo el derecho de ponerle
límites.
Cuando establecemos límites es
posible que nos sintamos culpables la primera vez, la segunda vez y hasta la
décima vez, pero podemos estar seguros de que hacemos lo correcto cuando
volvemos a mirar al pasado y nos damos cuenta de que no existían alternativas,
de que el problema no se hubiera solucionado de otra forma o bien otra solución
no hubiese sido tan eficiente.
Sin embargo, a veces la culpa es
un indicativo de que debemos corregir nuestro comportamiento y en esos casos no
está bien solo “dejarlo pasar porque ya hace parte de nuestro pasado”.
Reevaluarnos como personas, como pareja, como hijos o como padres, es necesario
para poder mantener una sana convivencia con los demás.
Bajo ese entendido, no está bien
solo decir: “ya lo hice y no puedo cambiarlo”. Nadie te pide que cambies tu
pasado, nadie puede hacerlo, pero lo que sí puedes hacer es aprender de tus
errores y evitarlos a futuro. En un sentido común, tú no eres un animal, eres una
criatura consciente de sus propios actos. Si tienes todas las herramientas
cognitivas para mejorar, ¿por qué no hacerlo?
Cambiar no es tan difícil como
parece, simplemente es un acto de voluntad. El que desea cambiar, cambia, así
el cambio no se dé de la noche a la mañana; es más, a veces los cambios son
imperceptibles hasta que dejan de serlo.
Cuando mi hermano era pequeño se
entusiasmaba mucho con la idea de su cumpleaños, pero como yo era menor, quería
tener la atención de mis padres incluso en esos días. Por eso, hubo un
cumpleaños en el que me comporté de lo más odiosa, hasta el punto de hacerlo
llorar.
Poco después me puse a pensar en
mi comportamiento y entendí que lo que había hecho estaba mal, que mi hermano
se merecía tener su espacio. Muchos años han pasado y sigo creyendo que lo que
hice pudo haberse evitado, pero soy consciente de que no puedo cambiar lo que
hice y lo único que puedo hacer es esforzarme porque mi hermano tenga siempre
un cumpleaños feliz.
Yo no hubiera podido cambiar mi
forma de ser, sino me hubiese sentido culpable por haber actuado como lo hice.
En mi ejemplo, ese sentimiento de culpa fue lo que me llevó a mejorar como
persona, cosa que no se hubiera dado de solo “haberlo dejado pasar”.
Pero como nada es tan simple, hay
culpas que solo son difíciles de tratar y difíciles de entender. Esas que solo
pueden aliviarse después de muchos procesos de introspección. En mi experiencia
personal, esas culpas que más me cuestan son aquellas que vienen de afuera, es
decir, aquellas que no nacen de mi insatisfacción personal, sino la insatisfacción
personal de otros.
Por ejemplo, sentirte culpable
por no poder terminar una relación tóxica cuando otros lo superaron más rápido
que tú, o sentirte culpable por masturbarse cuando la sociedad te dice que está
mal, o sentirte culpable por no poder triunfar en tu carrera al mismo nivel que
otras personas.
En todas estas ocasiones pensamos
que algo está mal con nosotros y que tal vez la solución está en cambiar
nuestra forma de ser, pero, a diferencia de los ejemplos anteriores, aquí la
solución no es clara, no es tan obvia, no es solo es cambiar nuestro
comportamiento y no solo es ignorar la culpa hasta dejar de sentirla.
Cada caso es distinto, porque
somos distintos. Si a A le toma solo seis meses dejar de fumar, pero a B le
toma casi dos años, esta bien, porque A quizás cuenta con el apoyo de su
familia y sus amigos, mientras B no tiene a nadie.
Cuando no sabemos cómo tratar la
culpa, lo mejor es quizás no tratar de encontrarle una cura. Podemos en esos
casos simplemente hablar de cómo nos sentimos. Es curioso cómo a veces llegamos
a creer que somos los únicos en sentirnos tristes o ansiosos, porque cuando
pensamos en nuestros problemas solemos minimizarlos al punto de creer ser los
únicos “defectuosos”.
Pero la realidad es que no eres
el único en sentirse culpable por algo y no eres el único que tampoco sabe cómo
solucionarlo. Otras personas allá afuera se sienten igual de culpables a ti por
no poder alcanzar las expectativas que les han impuesto.
Es reconfortante saber que
existen otros con preocupaciones iguales a las tuyas. Tal vez esa persona no te
pueda dar la solución a tus problemas, ni pueda hacer que dejes de sentirte
culpable, pero puede hacer que la carga de tu culpa sea más soportable.
Y descuida, sentir culpa y no
saber cómo lidiar con ella está bien, es una señal de que eres humano, de que
somos humanos y estamos vivos.

