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Mi problema con el guion de Barbie

 



Antes de ver la película mis expectativas con Barbie eran las mismas que tenía respecto a Super Mario Bros: la película. Básicamente, mi idea era sentarme por dos horas o menos a disfrutar de una película con una temática simple, que me recordara los buenos momentos que pasé jugando con el producto. Sin embargo, solo Mario cumplió estas expectativas, mientras Barbie… Barbie lo complicó todo, absolutamente todo.


Barbie es una película que cuenta con una excelente directora, escenarios envidiables, actores de alta calidad y un marketing que superó todas las expectativas. ¿Cómo es posible entonces que una película que tenía todas las posibilidades de hacerlo bien se sintiera tan sosa? Mi experiencia como escritora y como creadora de historias me indica que el problema radica en su guion.


A continuación, te daré mi opinión, probablemente impopular, de por qué la película no funciona como debiera. Y te lo advierto, de aquí en adelante van a ver spoilers, así que, si continúas leyendo, lo haces bajo tu propio riesgo.


Entendido lo anterior, partamos de que el filme comienza presentándonos un problema; de hecho, dos: una falta de identidad, tanto en Ken como en Barbie, solo que de orígenes distintos. Por un lado, Ken se siente menospreciado, siente que no es importante para Barbie, porque básicamente es ignorado por ella. Por otro lado, Barbie comienza a cuestionarse si existe algún otro propósito en su vida más allá de las fiestas y la diversión.


Hasta aquí todo funciona: hay una introducción breve al mundo de la muñeca y a su estilo de vida, seguido del planteamiento de un problema que, se supone, deberá resolverse a lo largo de la película. Hasta aquí tenemos la estructura básica de cualquier historia. Sin embargo, mientras más avanza el filme, más parece desviarse de este propósito inicial, introduciendo nuevos problemas, nuevos debates, nuevos personajes.


Aquí es cuando las cosas se complican y, a mi forma de ver, se salen de control, por lo que intentaré explicarme lo mejor que pueda.


Luego de que Barbie y Ken llegan al mundo humano, se topan con una realidad: los hombres son los que dominan al mundo. Aquí entonces se imprime a la historia un tinte feminista. Mientras Barbie es acosada por las calles, Ken obtiene lo que siempre quiso: protagonismo.


Ahora bien, mi molestia con la película no es que se le diera un tratamiento feminista, aunque sí creo que hubiera funcionado mejor sin él, algo que explicaré más adelante, mi molestia es que se trató de un tópico introducido sin rumbo claro, en otras palabras, sin advertirle al espectador lo que podía esperar de él y sin explicarle cuál era su sentido dentro de la historia.


Dicho lo anterior, en este punto concluye lo que puedo resumir de la historia sin enredarme. Por un lado, los de Mattel quieren que Barbie regrese a su caja, sin mayores explicaciones, Ken se lleva el “patriarcado” a Barbieland, Barbie se encuentra con la niña o más bien adulta que jugaba con ella y regresan a su mundo, allí descubren que Ken a puesto las cosas patas arriba y deciden regresar las cosas a la normalidad convenciendo a las Barbies de que no deben ser víctimas del sistema. Entonces vemos discursos antimachistas, chistes de doble sentido, críticas a los propios cánones de la muñeca, exposición de productos de la marca, coreografías sacadas de contexto y básicamente una combinación de todo.


Y ni qué mencionar del final. Se nota que no tenían la menor idea de cómo finalizar una película tan compleja, y compleja no en un sentido artístico, sino en el sentido de que no la entiende ni su abuelita. Esto, porque ninguno de los cien problemas que nos introdujo el filme fue resuelto de manera satisfactoria. Y es que es lógico que en dos horas de película no se lograra un cierre total, lo cual sería distinto si se hubieran centrado en el objetivo inicial.


En otras palabras, Barbie quiso contarnos tantas cosas que al final no nos contó nada. Ken resolvió su crisis existencial literalmente charlando con Barbie, lo que duró más o menos unos cinco minutos. Barbie hizo de todo y al final decidió que quería ser humana, no sabemos bien por qué, y ahora es una mujer que vive una vida normal y ordinaria, como si nunca hubiesen existido barbies ordinarias y hasta ahora se le hubiese ocurrido a Mattel.


Pero, ¿dónde quedan las ideas originales de la marca? ¿Dónde queda la idea de que Barbie puede ser lo que quiera ser? ¿Dónde queda la idea de que podemos hacer las mismas cosas que los hombres sin renunciar a nuestra feminidad? Simplemente no se tocaron, porque aunque en Barbieland todos los cargos importantes estuvieran ocupados por mujeres, la historia no se centró en eso, dejando de lado el lema de la marca.


Hablemos ahora del coprotagonista. A Ken se le dio tanta importancia al inicio para que al final siguiera siendo lo que es: un accesorio, con la diferencia de que ahora Ken acepta que ser un accesorio está bien. Francamente, no lo entiendo. Lo que empieza siendo un personaje complejo, termina siendo una especie de burla a los hombres y sobre todo a los hombres con aspecto o gustos femeninos.


Entiendo, de nuevo, que la película haya querido darle un toque feminista, pero no era necesario pormenorizar un personaje complejo solo porque es hombre. Es como si a mitad de la historia hubiesen dicho: «ay no, hicimos a Ken demasiado empático, tenemos que arreglarlo, volvámoslo más machista», para al final volver a su figura inicial y borrar su “desliz”.


Pero Ken es solo una de las tantas cosas que no resultan bien. ¿Críticas al capitalismo consumista? Claro que sí, las hubo, estaban al lado de la promoción y exhibición de productos Barbie. ¿Críticas al patriarcado? También hubo de eso, y mucho, al lado de chistes un poco sexistas, seguidos de una crítica poco constructiva al mundo rosa de Barbie junto con un camuflado rechazo a la feminidad de la muñeca.


Barbie, como filme, no se centró al final de cuentas en complacer a los seguidores de Barbie. A aquellos y aquellas que sí jugábamos con la muñeca y sí soñábamos a ser lo que quisiéramos ser. Mucho menos se preocupó por llamar la atención de las niñas, quienes, a mi parecer, merecían una película que complementara la intención de la marca con la muñeca. No, Barbie quería complacer a todos: a las feministas, a los hombres, a Mattel, etc.


Barbie me hizo acordar de que ni si quiera una muñeca se salva de las expectativas con las que debemos lidiar todas las mujeres. Que solo por el hecho de representar algo femenino ya se le exige perfección. Por supuesto que la película no podía tratarse de una muñeca teniendo problemas banales. Barbie no podía ser tan superficial. Hablar de moda, de accesorios, de bailes, nada de eso encaja con las expectativas que les imponemos a las mujeres.


Nos recuerda que para encajar en un mundo de hombres lo mejor es pensar como un hombre. Lo mejor es dejar de lado las cosas que nos gustan de ser mujeres porque qué vergüenza que nos vean disfrutando de cosas cursis y lindas.


Y es por eso que siento la película como un rechazo a lo femenino. Una opinión que puede ser difícil de entender cuando el rosa fue el color protagonista. Pero no lo digo porque haya habido una falla en la escenografía o en la ropa, lo digo en el sentido de que la historia no podía ser “solo otra película para niñas”.


Mientras los hombres tienen cientos de películas enfocadas en peleas, en carros o en explosiones, es decir, en cosas banales, Barbie no podía ser igual de banal en su versión femenina, es decir, solo por ser un personaje femenino debía sí o sí traernos una trama compleja y feminista. ¿Por qué? Seguramente para evitar las burlas o las críticas masculinas.


Nadie le puso esas exigencias a Mario como personaje, porque claro, Mario no es mujer. Esta situación, en lugar de enojarme, me hace sentir triste y es esa misma sensación de tristeza la que me lleva a escribir este artículo. Creo que todas podemos coincidir en una cosa respecto a Barbie y es que ni siquiera la icónica muñeca está libre de ser juzgada.


Con esto, debo decir que hubiera preferido una película simple, sin tramas complicadas, sin tanto humor de doble sentido, sin tantas críticas. Realmente quería sentarme en el cine y por un momento olvidar que hago parte de un sistema patriarcal.


Solo quería reírme sin tener que pensar en todos los momentos incómodos que tengo que vivir solo por ser mujer. Es tan triste pensar que ni siquiera Barbie me permita huir de esta realidad, que no puedo refugiarme ni siquiera en ella, que ella también tiene que recordarme lo complicado que es ser mujer en esta sociedad.


Sin embargo, si dejamos de lado mis expectativas iniciales, aun considero que la temática feminista pudo haberse abordado de mejor manera, por ejemplo, dejando de lado tanto relleno o tantas distracciones que no le daban tiempo al espectador de sentir una emoción cuando ya se le estaba presentando otra.


Francamente, cuando las barbies dentro de la película se reprogramaron con un discurso feminista pensé que era una broma. Por un lado, porque de la nada le quitaron el protagonismo a Barbie, quien lo único que supo hacer fue ponerse a llorar y, por otro, porque la película venía con un tinte humorístico tan marcado que pensé que era otro chiste sarcástico.


Lo primero, por supuesto, es más grave, porque trasmite la imagen de que Barbie es una muñeca tonta y superflua que no puede pensar por sí misma, mucho menos resolver cuestiones complejas. Para eso están las adultas ordinarias como Gloria. Mejor seamos todas como Gloria y no como Barbie.


Pero si llegaste hasta aquí y piensas distinto a mí, está bien. Se respetan otras opiniones, aunque no se compartan. Sé que algunos dirán que no entendí la película y es cierto, no la entendí y apuesto a que nadie la terminó de entender, por más de que digan lo contrario.


Si hubiese visto la película hace unos años, habría creído que no la entendí porque no era lo suficientemente inteligente para hacerlo. Pero ahora sé que, si una historia no me deja un mensaje principal claro, no es que carezca de la capacidad para entenderlo, es que hay un error en el desarrollo de la historia.


En otras palabras, el problema no radica en el lector o el espectador, el problema radica en el autor, bien porque no supo organizar sus ideas, no priorizó un objetivo concreto o bien nunca se planteó un objetivo para empezar.


El hecho de que Barbie admita interpretaciones tan distintas que ni siquiera puedan enmarcarse en un solo tema, demuestra que el desperfecto radica en su guion, algo que no se puede reparar por más bella y perfecta que sea su estética.



 

 

 

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