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Quisiera decir

 




 

Quisiera decir que soy una escritora como cualquier otra, que hago borradores de mis libros sentada en una cafetería mientras me tomo un capuchino, que me encierro en mi cuarto a escribir durante horas, semanas y meses y que no salgo hasta terminar; en lugar de decir que escribo solo cuando puedo mientras me ocupo de que mi vida financiera y social no se vaya al barranco.


Quisiera decir que paso las tardes de lluvia leyendo; en lugar de estar trabajando para mi abuelita recogiendo basura y quitando las virutas de su borrador cuando se ensucia.


Quisiera decir que me crie bajo pilas de libros y que me refugié en ellos cuando todo estaba mal en mi vida; en lugar de decir que me daba vergüenza ir sola a la biblioteca municipal y que me valí de un diario y un rincón de la casa para llorar cuando nadie más me veía.


Quisiera decir que tuve un gran apoyo de mis profesores, que desde pequeña participé en clubs de lectura y escritura y que todo lo que sé se lo debo a las enseñanzas de mis mentores; en lugar de decir que tuve que aprender a escribir sola, que me valí de los libros que había en casa y que pasaron más de diez años para que mi escritura fuese aceptable.


Quisiera decir que mis amigos me organizaron una fiesta cuando publiqué mi primer libro y que celebramos tomando vino en la azotea de un restaurante; en lugar de decir que nadie vino a felicitarme y que solo seis personas compraron mi libro en preventa.


Quisiera decir que tuve un gran apoyo de mi editorial, que a mi presentación del libro asistió tanta gente que tuvieron que colocar más sillas, que quedé satisfecha con la publicidad que le hicieron a mi libro y que recibí muchas copias del mismo para mi uso personal; en lugar de decir que nunca me hicieron una presentación ni ninguna publicidad, que tuve que pagar el envío de mis libros y que solo recibí una copia para uso personal.


Quisiera decir que tengo mucho dinero para pagar una segunda edición de mi libro y que fue fácil conseguirlo para la primera de ellas; en lugar de decir que el dinero lo obtuve como una indemnización por un trabajo en el que no era feliz y en el que me explotaban laboralmente, eso sin contar que no recibí ni siquiera la mitad de lo que por ley merecía.


Quisiera decir que mis padres se alegraron tanto por la primera publicación de mi libro que cada uno compró de a dos ejemplares y que me presumieron con todos sus amigos; en lugar de decir que a ninguno de los dos les interesó, que nunca me preguntaron en dónde se vendía y que hasta la fecha siguen sin leerlo.


Quisiera decir que me emocioné cuando por fin tuve mi libro en las manos y que fue el momento más feliz de mi vida; en lugar de decir que me senté a llorar, porque había pasado casi un año desde la firma con la editorial, la que, solo después de oírme protestar, puso por fin mi libro a la venta.


Quisiera decir que he vendido miles de copias de mi libro, que la gente lo ama y que espera impaciente mis próximas entregas; en lugar de decir que en un año solo vendí una copia en físico y que, un año y medio después de la publicación, sigo desconociendo cuántos libros vendí en digital.


Quisiera decir que no me dan envidia otros escritores que tienen la vida que yo siempre quise como escritora, porque me siento orgullosa de mi misma; en lugar de sentirme como un fracaso la mayor parte del tiempo y añorar una vida que a mis casi treinta sigue sin ser una realidad.


Quisiera decir que paso mis fines de semana asistiendo al teatro, viajando a los lugares más recónditos del mundo y compartiendo mis tardes con artistas, escritores y filósofos; en lugar de decir que no tengo dinero para salir, ni nadie con quien compartir de los temas que me apasionan y que, aunque tuviera dinero, en esta ciudad no hay museos, teatros ni centros culturales.


Quisiera decir que gasto todo mi dinero en las librerías, comprando primeras ediciones y los últimos libros de moda para hacer reseñas sobre ellos en mis redes sociales; en lugar de decir que en mi ciudad no hay librerías, que solo viene una feria del libro una vez por año y que cuando viene pocas veces he podido comprar un libro.


Quisiera decir que cuando le dije a mi familia que quería ser escritora todos se alegraron por mí, que me dieron sus mejores consejos e hicieron un seguimiento de mi progreso; en lugar de decir que nadie me apoyó, que mi tía me dijo que mejor escogiese otra carrera si no quería morirme de hambre y que hasta el día de hoy la mayoría no sabe que sigo escribiendo.


Quisiera decir que gané muchos concursos de escritura, que tengo miles de seguidores que siempre me están preguntando por lo que escribiré después, que mi blog, Entropía de letras, aparece en el buscador de Google cuando cualquiera lo escribe y que todo el mundo sabe quién es Dotatodi; en lugar de decir que no he ganado ningún premio por mi escritura, que nadie lee mi blog y que nadie sabe quién es Dotatodi.


Quisiera decir que soy tantas cosas, quisiera decir que mi vida es muy diferente, que me crie como cualquier otra escritora y que me dedico a esto, es más, que de esto vivo y que no necesito trabajar como abogada ni para nadie más, porque mi vida se resume a teclear sin parar; en lugar de decir que mi sueño no se ha cumplido y que mi corazón me pide todos los días que renuncie a mis trabajos, pues no soporta estar un día más sin dedicarse cien por ciento a lo que ama.


Sería maravilloso algún día poder decir sobre mí las cosas que quiero decir, que soy una persona increíble, que escribe historias sin parar, que ayuda a otros a aprender y que se siente orgullosa de ver cuán lejos ha llegado. Que todo el mundo sabe quién es Dotatodi y que soy la mujer más feliz del mundo.

 


 

 

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