Hace
un tiempo me cuestioné si había algún sentido boicotear la Met Gala cada año,
pues hacerlo es como recaer en la paradoja de culpar a un a individuo o grupo
de individuos expuestos en lugar de a las grandes corporaciones. También recuerdo
haber comparado la Met Gala al Mundial de futbol —ahora que por fin terminó— en
el sentido de que se criticaba mucho el primero, pero no el segundo. Esto a
pesar de que el Mundial de Futbol, sobre todo el de este año, ha estado inmerso
en escándalos de corrupción, racismo, xenofobia y por supuesto mensajes
fascistas de la ultraderecha.
No
es que de pronto haya cambiado de opinión, sigo pensando que un evento de moda
no merece el odio mundial solo por exhibir atuendos extravagantes, pero creo
que hay que ver el panorama completo. Este año, la Met Gala estuvo envuelta en
una polémica distinta, no por Gaza, sino porque sus patrocinadores, Jeff Bezos
y Lauren Sánchez, son miembros de Amazon, empresa que apoya las políticas de
Trump.
Para
mí, tiene sentido la crítica, porque contradice los propios objetivos de la
gala, que más que exponer moda, expone arte, arte que también es diseñada por
artistas inmigrantes; solo por poner un ejemplo.
Esta
conexión entre Bezos, Trump y la Met Gala hizo que muchas personas,
incluyéndome, volviéramos la vista a otros eventos, con igual o mayor calidad
de obras artísticas, pero con mucho menos revuelo mediático. Hablo de Africa
Magic Viewers' Choice Awards o AMVCA para abreviar.
La
AMVCA no tiene nada que envidiarle a la Met Gala, pero al ser un evento de famosos
africanos parece mucho menos relevante. Aunque yo soy admiradora de la Met
Gala, concuerdo que son muy pocos los atuendos que me hacen decir Wow. Del
otro lado del mundo tenemos a estos trajes icónicos, artesanales, sin
disparidad de género, en el que cada atuendo es más asombroso que el anterior.
¿Por
qué la prensa entonces se enfoca solo en la Met Gala? Okey, sé la respuesta,
solo fue una pregunta de rigor, por supuesto que es por culpa del racismo.
¿Significa
esto que voy a dejar de disfrutar la Met Gala? Yo diría que no, al menos no en
principio. No voy a desconocer que el evento del Costume Institute del
Museo Metropolitano de Arte de Nueva York tiene lo suyo, pero de seguro
esperaré con más entusiasmo a la AMVCA del próximo año.
Dicho
esto, ¿qué tiene que ver Zendaya y su outfits en todo esto? Tiene todo que ver.
Uno
de los motivos para criticar la Met Gala 2025 y a sus partícipes fue que
ninguno de estos se pronunció sobre Gaza. En razón a ello, multitud de
internautas se unieron para «dejar de seguir» artistas como Zendaya y otros
más.
En
su momento, la medida me pareció desacertada, porque para mí el boicot debía
ser contra Netanyahu y no contra una población que no se relacionaba
directamente con Palestina.
Hoy
en día, sigo creyendo que Netanyahu es un genocida que debe pagar por sus
crímenes en Gaza. Eso no ha cambiado, lo que cambió fue mi postura frente a los
que guardan silencio.
Hace
poco en Colombia tuvimos elecciones presidenciales en las que el triunfo fue
para la extrema derecha por apenas una diferencia de 250 mil votos aproximadamente.
Muchos de nosotros, incluyéndome, criticamos la postura de las 400 mil personas
que votaron en blanco por no tomar partido.
Ahí
fue cuando me di cuenta de algo y es que yo misma he sido tibia en muchos
temas, porque prefiero observar y aprender antes de tomar postura. Por ejemplo,
en un inicio no tenía una postura clara frente a la IA, porque era una
tecnología muy reciente. Pero hoy en día estoy mayor informada, por lo que es
mi responsabilidad tomar una posición.
Considero
que cada persona que desconozca de un tema social debe investigar más hasta
formarse una postura. Es decir, que la tibiez debe ser algo temporal.
Ya
ha pasado un mes de las elecciones y mientras más avanzan los días más cuenta me
doy de algo: no quiero quedarme en silencio.
¿Cómo
hacerlo en la realidad en la que vivimos?
Por
un lado tenemos a Trump, quien a través del ICE no solo ordena la deportación
de miles de inmigrantes que solo buscan oportunidades de trabajo y una vida
digna, además separa familias y asesina civiles sin consecuencias.
Sus
discursos fascistas solo fomentan el odio y la violencia en un mundo que se cae
a pedazos por la crisis climática.
Del
otro lado, tenemos a Netanyahu, un genocida que no tiene reparo en asesinar
niños y civiles no armados.
Tenemos
a la FIFA y a su dichoso mundial de futbol con jugadores acusados de abuso
sexual que juegan como si nada.
Y
ni qué decir sobre Erika Kirk y su discursito de renunciar al voto femenino o
sobre el avance de la ultraderecha y la regresión de los derechos que costaron
años conseguir.
En
Argentina Millei vende territorio argentino sin ningún reparo, pero los
argentinos están más preocupados por Messi tras perder el mundial ante España
que por Millei.
¿En
serio es tiempo de quedarnos callados?
No
puedo.
No
puedo ver cómo todo lo que creía asegurado, todos mis derechos, se vean
amenazados por el actuar de unos pocos en el poder.
Me
duele la indiferencia.
¿Cuándo nos volvimos tan superficiales?
Con
esto, supongo que ya sabes hacia dónde se dirige mi crítica hacia Zendaya y,
con ella, a artistas de igual calibre.
En
sus inicios, Zendaya habló sobre el feminismo. En una entrevista señaló que el
feminismo debía ser interseccional, es decir, que debía incluir tanto a mujeres
trans como a mujeres de minorías raciales, cosa con la que estoy de acuerdo,
pues por muchos años el feminismo se enfocó solo en los derechos de las mujeres
blancas cisgénero.
También
reconozco que la actriz ha hecho donaciones a instituciones artísticas, como el
teatro al que le debe su aprendizaje y que tiene exigencias puntuales a la hora
de trabajar con directores y cineastas con respecto a la incursión de personas
minoritarias.
Y
hasta aquí el reporte de su activismo.
¿Dónde
está su crítica al gobierno racista que contradice todas sus ideas? ¿Dónde está
su feminismo ante la amenaza de que mujeres, incluyendo mujeres negras, pierdan
su derecho al voto?
¿Por
qué hay tanto silencio de su parte?
¿Por
qué parece que lo único importante ahora es el próximo atuendo que utilizará en
la alfombra roja?
No
estoy diciendo que su aporte a la moda no sea importante, que sus looks no sean
icónicos, porque sería una mentira, yo misma le doy me gusta a cada
publicación sobre su ropa y su estilo. Pero necesito que artistas que dicen
representar mis intereses representen mis intereses.
Pido
responsabilidad de personas como ella, de las personas que tienen un amplio
alcance, que tienen la facilidad de influenciar a otros con sus palabras, que
tienen el dinero para generar cambios.
Basta
de defender gente rica que no toma responsabilidad de su riqueza, basta de ser permisivos
con los multimillonarios solo porque son multimillonarios, basta de callar.
Y
ya sé que los fans de Zendaya se me vendrán encima porque sé lo que la figura
de Zendaya significa para la comunidad negra, pero justo por eso es que creo
que su activismo no se debe limitar a declaraciones aisladas sobre feminismo o
donaciones silenciosas fuera del foco de las críticas.
Cuando
Emma Watson habló de feminismo por allá en el lejano 2014 medio internet se horrorizó,
pero gracias a ella personas como yo le dimos oportunidad a un movimiento que considerábamos
innecesario.
Los
famosos desconocen la enorme influencia que tienen sobre los demás. Un ejemplo
claro es Audrey Hepburn. Audrey fue una actriz, pero también un ícono de la
moda de su época. Todos querían tener su silueta, su delgadez, su elegancia
natural, pero nadie sabía lo que esto suponía para ella.
La
delgadez de Audrey no se debió a una circunstancia natural o genética, sino a
la desnutrición extrema que vivió durante los años de guerra. A esta
descompensación le debió su carrera de bailarina de ballet y al menos dos
abortos espontáneos.
Con
todo, Audrey se convirtió en embajadora de la UNICEF 1988 a los 59 años de
edad, cargo que ejerció hasta el último de sus días, cuando muriera en 1993.
Según
datos de la ONU en solo cinco años logró generar decenas de millones de dólares
mediante entrevistas, discursos legislativos, eventos benéficos y galas.
Una
sola mujer movió a medio mundo para ayudar a los más necesitados.
Audrey
Herpburn es la prueba de que el activismo sí mueve a las masas, de que sí
genera cambios.
A
este punto del artículo quiero llorar de la impotencia que siento al ver a
mujeres tan maravillosas como Zendaya calladas ante la miseria que vive el
mundo.
Y
no, mi crítica no solo es hacia ella, ¿dónde queda Taylor Swift y su cero
activismo político?
Claro,
al igual que Zendaya se ha declarado feminista, ha compuesto varias canciones
cuestionando los roles de género y en el 2020 hasta se declaró en contra de los
candidatos más conservadores.
Pero
en los últimos años, cuando el mundo se ha vuelto más y más antiwoke,
antiprogresista y antiderechos, ¿dónde están sus discursos?
Hoy
en día necesitamos más que nunca que, mujeres que ejercen cargos de poder, se
pronuncien sobre las problemáticas que nos conciernen a todos y todas.
¿Dónde
encontramos apoyo en la comunidad si las artistas que se llaman a sí mismas
feministas no alzan la voz?
Me
duele.
A
mí también me asusta el odio, el acoso cibernético, la persecución en redes,
pero ya no quiero que ese miedo me impida alzar la voz. Ahora entiendo que si
me quedo callada otras hablarán por mí para pedir mi abstención de voto.
Callar
en estos tiempos no sirve.
Esperar
a que otros tomen las decisiones por mí no sirve.
No
quiero ser como esos votantes en blanco que cuando llegue el terror se lavarán
las manos.
No
hacer nada es lo mismo a cerrar los ojos ante la violencia y la represión.
¿Cuántos
de nosotros no vimos documentales de la Segunda Guerra Mundial cuestionando a
los que siguieron a Hittler? Criticamos a las muchas personas que guardaron
silencio ante el genocidio entonces, pero hacemos lo mismo ahora.
No
quiero eso, no quiero arrepentirme de las cosas que no hice o no dije.
Artistas
como Zendaya, Taylor Swift, Dua Lipa, Jenna Ortega no me representan. Si ellas
eligen proteger sus contratos antes que los derechos de sus fans, yo no tengo
por qué protegerlas desde mi posición como fan.
¿Cómo
es que Paris Hilton con todos sus privilegios hace más por mí que artistas que
se han llamado a sí mismas progresistas?
Hace
un mes, la empresaria impulsó una ley contra las páginas de pornografía que
utiliza imágenes hechas con inteligencia artificial, las llamadas Deepfakes.
Paris unió fuerzas con la periodista Laure Segall para descubrir quién
estaba detrás de estas páginas hasta dar con el responsable: un farmaceuta de Toronto,
Canadá.
Sí,
la misma Paris Hilton que hace años fue señalada por un video intimo que fue
publicado sin su consentimiento. Hoy todavía sufre por lo que internautas hacen
con su imagen en páginas de porno fake. Ella, más que nadie, sabe de la
importancia de levantarse y alzar la voz para protestar contra los actos que
atentan contra nuestra intimidad.
Y
no solo eso, sino que hace dos semanas logró cerrar el internado donde denunció
haber sufrido abusos en su adolescencia tras años de insistencia.
Pero
los medios no están hablando de esto, porque si no es para hablar de escándalos
o belleza no les interesa lo que tenga que decir una mujer.
El
discurso patriarcal de la ultraderecha es que las mujeres nos vemos mejor calladitas
y sumisas. Cada vez que nos quejamos de algo en internet siempre sale un hombre
a decir que «estamos exagerando», que «no es para tanto», que «somos
dramáticas».
¿De
verdad nos vamos a quedar esperando a que un hombre nos diga cuándo se
justifica quejarse y cuándo no?
Hace
poco leí la noticia de que una alcaldesa japonesa de 35 años fue criticada por
tomarse una licencia de maternidad. Tú dirás, ¿qué hay de malo en eso? Lo malo
es que, en uno de los países con más baja natalidad en el mundo, se indignan
porque una mujer decide tener hijos a los 35 y no bastándole con eso todavía tiene
la osadía de tomarse dos meses antes del parto y dos meses después.
¡Dos
miserables meses!
¿A
dónde hemos llegado para que en pleno 2026 todavía se nos exija una edad para
parir?
Pero
esta misma gente que se queja porque una mujer embarazada prioriza su salud y
la salud de su bebé son los mismos que se oponen al aborto y a los derechos
reproductivos de una mujer.
Mujeres,
¿si no somos nosotras mismas las que alcemos la voz por otras mujeres entonces
quiénes lo harán?
No
es tiempo de quedarnos en casa. Como dijo Virginia Woof en Una habitación
propia no tenemos excusa.
«Mil
plumas están preparadas para deciros lo que debéis hacer y qué efecto tendréis»
Por
eso, aunque soy consciente de que mi critica no será oída, de que no habrá
repercusiones y de que muchas mujeres seguirán protegiendo a sus ídolas, no me
importa.
Me
basta con saber que ya no me siento conforme con la perspectiva que me han
brindado. Que soy más consciente de las personas a las que sigo y admiro y que
al menos, mientras pueda, seguiré hablando, escribiendo o difundiendo mi
pensamiento.
Como
dijo Greta Thunberg (2025) en respuesta a Trump: «el mundo necesita más mujeres
jóvenes enojadas».
Enojémonos
y demostrémosle al mundo de qué estamos hechas.