Para
entender esto tenemos que hablar de los tipos de finales. Existen los finales
abiertos y los finales cerrados. Los finales cerrados, como su nombre lo indica
encierran el círculo que compone la trama. De tal manera que en ellos 1) se
resuelve el conflicto 2) sin lugar a interpretaciones adicionales. Suele ser el
tipo de final más empleado, porque si la historia no llega a triunfar, el
director simplemente puede decir “hagamos de borrón y cuenta nueva” e intentar
otra cosa.
Ejemplos
de finales cerrados existen muchos, tales como Zootopia, Frozen, Rambo, Avatar,
El diablo viste a la moda y muchas más (Shrek, La era de hielo, Kung fu Panda,
Spiderman, Terminator)
Como
ya lo habrán notado, el hecho de que una historia tenga un final cerrado no
impide que se creen secuelas. Verbigracia, todas las que mencioné las tienen. Pero,
si se fijan, la historia inicial, la que dio origen a la saga, funciona muy bien
por sí sola, porque no fue planeada estructuralmente para prolongarse en varias
entregas.
Entonces,
para que la secuela en estos casos funcione se debe crear un nuevo conflicto
que conecte con el público. Por ejemplo, en Shrek uno el conflicto gira entorno
aun romance “prohibido” entre un ogro y una princesa. Mientras que Shrek dos se
enfoca en la interacción y aceptación familiar.
Como
ven, el conflicto en cada caso es distinto, lo que ayuda al espectador a descubrir
no solo una complementación de la historia, sino de sus personajes.
Sin
embargo, no siempre funciona, especialmente por una de dos razones: o porque
las secuelas se desvían tanto de la trama original que la historia comienza a
carecer de sentido, por ejemplo, en Resident Evil; o cuando cada entrega
es un esfuerzo por replicar la fórmula de la primera.
Por
ejemplo, la tercera película de Kung Fu Pand a es un mal intento por replicar
las fórmulas de sus predecesoras, básicamente porque desconoce el efecto del
paso del tiempo. Me explico, Po ya no es el mismo personaje ingenuo que es
objeto de burla en la primera cinta, es un guerrero reconocido y respetado. En
ese sentido, hacer que la trama gire en torno a la obtención de un nuevo poder,
más grande que el anterior, le resta importancia a lo narrado antes de.
Ahora
bien, respetar el pasado no garantiza el éxito o el buen recibimiento de una
secuela. Miremos el caso de Toy Story 4. Para mí es el ejemplo de una secuela
bien construida, porque deja el pasado en el pasado. Pasamos de centrarnos en “volver
con Andy” a reconocer que “Andy ya no está”.
Aunque
muchos no están de acuerdo conmigo (supongo que les gana el factor nostalgia),
lo cierto es que la secuela respeta la evolución del personaje. En la tercera
película Woody debe aceptar que Andy ya creció, mientras que en la cuarta debe
aceptar que Bonie no es su reemplazo. Su confusión respecto a Bonie es válida,
porque Woody siempre fue fiel a Andy y pretender que de la noche a la mañana se
vuelva fiel a Bonie rompe el equilibrio inicial.
Esto
trae como consecuencia que, por primera vez, Woody elija sobre su propio
destino. No abandona a Bonie a su suerte como la gente suele decir, simplemente
reconoce que las cosas han cambiado y que su futuro puede ser distinto.
Dicho
lo anterior, pasemos a los finales abiertos, ¿cuándo sí y cuando no funcionan
las secuelas?
Funcionan
siempre que el final inicial deje la puerta abierta a un nuevo conflicto. Por
ejemplo, en Volver al Futuro I, el doc aparece en el último minuto para decirnos
que el hijo de Marty está teniendo problemas en el futuro.
Al
final de Piratas del Caribe II, los piratas visitan a la bruja Calipso para que
les diga cómo pueden traer a Jack de vuelta a la vida. Tanto en la primera como
en la segunda temporada de Dark se da a entender que habrá una continuidad.
En
todos estos casos, el final de la historia indica el comienzo de la siguiente.
Para ponerlo en palabras simples, el final nos hace un adelanto de lo que
vendrá en la siguiente entrega.
Así
pues, las secuelas funcionan porque estuvieron planeadas desde un inicio, pero
¿qué ocurre cuando el final es inconcluso?
No
es lo común. La mayoría de las historias tienen finales cerrados o construidos
para formar parte de una secuela. Sin embargo, hay casos excepcionales en donde,
por la temática tratada, se deja un final abierto a la interpretación.
Aquí
tenemos que hacer una pausa para explicar un poco mejor cómo funcionan los
finales abiertos.
A
diferencia de los finales cerrados que resuelven el conflicto inicial y sus
consecuencias, en los finales abiertos se dejan conflictos sin resolver. Por
ejemplo, nunca sabemos si al final de Inception o El origen, Cobb sigue
atrapado en un sueño o está viviendo su realidad. Aquí no existen respuestas
correctas, solo interpretaciones posibles.
Los
finales abiertos se dejan intencionalmente para que los lectores se hagan parte
de la historia. Si el final es abierto a la interpretación, los lectores tienen
la libertad de decir “el trompo cayó” o “nunca lo hizo”, porque mientras el
misterio no se haya resuelto por completo somos libres de soñar posibilidades
infinitas.
Supongo
que a este punto ya habrás entendido que los finales abiertos están muy ligados
al misterio, por eso es común verlos en historias de terror. ¿El villano murió
o no murió? La verdad es que no lo sabemos, pero nos aprovechamos de ello.
Entonces,
¿por qué las secuelas funcionan menos en los finales con interpretaciones
abiertas? Porque se busca explicar el misterio.
Piénsalo
así, tenemos dos cajas sobre la mesa, en una de ellas hay un billete de 1 dólar
y en la otra un billete de 10 dólares, ¿cuál escogerías? No hace falta que
respondas, es obvio que la de 10 dólares.
Ahora
imagina que no conocemos el contenido de la segunda caja, ¿cuál escogerías? Si
elijes la segunda y resulta que no había nada habrás perdido un dólar, pero si
no la eliges te arriesgas a que el resultado sea mucho mejor que el presentado.
¿Entiendes?
Lo desconocido nos atrae, nos intriga. Todo el mundo quiere saber qué hay en la
caja y mientras la caja no se abra cualquier cosa es posible.
A
la mayoría de los humanos nos gusta pensar sobre nuestro futuro. De hecho, somos
los únicos animales que tienen conciencia sobre el tiempo.
Esta
situación nos hace especialmente sensibles a los misterios. Tanto así, que en
la vida real se premian los descubrimientos, como el descubrimiento del
polonio, del carbono 14, de las moléculas de ADN, etc.
Sin
embargo, cuando en una secuela se intenta explicar el misterio la magia
alrededor de él se esfuma. En el ejemplo de la caja, imagínate que, justo antes
de elegir, alguien nos sopla lo que hay dentro de la segunda caja. ¡Qué
decepción!
Lo
cierto es que no había forma de que, sin ver, pudiéramos saber lo que había,
pero lo importante era creer que sí.
Los
finales abiertos dan esta sensación de que el lector tiene algún control sobre
la historia, cuando en la realidad nunca lo tuvo.
No
importa quién tiene la razón, lo importante es pensar que la tenemos. Lo que
hace que las historias de misterio tan intrigantes es que podemos imaginar lo
que viene después. Si nos quitan eso, nos quitan nuestro terreno de juegos.
Claro,
todos nos emocionamos con las secuelas y todos queremos que el final de un
misterio sea todavía más increíble de lo que pensamos. Pero si la realidad no
supera nuestras expectativas, se siente como una pérdida de tiempo.
Es
como descubrir que esa sombra que tanto nos aterraba era de hecho una montaña
de ropa sin doblar.
Esto
me recuerda a la filosofía de platón de que no hay nada más perfecto que
aquello que pertenece al plano de las ideas. Mientras la idea esté en nuestra
mente es perfecta, básicamente porque no podemos arrastrarla tal cual al plano
real.
Es
la misma sensación que sentimos cuando queremos escribir una historia, pero no
sabemos por dónde ni cómo comenzar.
Por
eso, resulta tan difícil impresionar a un lector que ha tenido días, meses o
incluso décadas para soñar con el posible final de una historia.
Aunque
disfrutemos el resultados, es probable que la idea de lo que pudo ser y no fue
quede ahí, estancada en un rincón de nuestra mente, como una entelequia.
Hace
falta mucha creatividad para que las secuelas basadas en misterios superen las
expectativas del público. Este es un terreno peligroso. Por esto mismo,
funcionan mejor las historias que desde un inicio se proyectaron para tener
continuidad.
Volviendo
a Inception, si al final se descubre que el trompo dejó de girar y que
nuestro protagonista vivió una vida feliz, algunos sentirán que esto era lo que
esperaban, mientras otros se sentirán decepcionados por llevar más de una
década pensando todo lo contrario.
En
pocas palabras, la revelación de un misterio conlleva, ineludiblemente, la
decepción de una buena parte del público.
Esto
en sí no es un problema, porque no se puede complacer a todo el mundo. El
problema es cuando las grandes industrias se aprovechan del Boom que se ha
creado alrededor de un misterio para sacar secuelas sin sentido.
Al
mismo tiempo, sagas que, normalmente hubieran terminado en su tercera entrega,
como Shrek, Kung Fu Panda, Toy Story ya van por su quinta entrega; lo cual es
absurdo. ¿Por qué continuar historias que no necesitan continuidad?
Cuando
el único móvil para sacar una secuela es el dinero, las producciones se vuelven
más y más mediocres. Sin embargo, como espectadores, lectores o simplemente
como consumidores nos volvemos más exigentes.
Entiendo
que publicar una historia desde cero puede representar un problema para las
industrias y los cineastas, en especial si se suman varios fracasos anteriores.
Aun así, considero que el esfuerzo invertido en las secuelas debe hacer que
valga la pena renunciar a la historia ya construida para aceptar nuevos hechos.
Dicho
esto, otro problema que tengo con las secuelas es cuando demoran en llegar. Me
refiero a esas promesas de temporadas que por más que mires nunca aparecen en
listas de emisión. Hablo de ti Hyouka. Y muchas veces cuando llegan lo
hacen muy tarde, cuando el público ya ha cambiado.
El
lenguaje cambia, los chistes cambian, las referencias cambian. No podemos
pretender que lo que nos gustaba a los 10 no siga gustando ahora.
Creo
que a veces es mejor dejar la imagen de esa historia como un buen recuerdo y no
escarbar más en él. Es como volver a mirar la vieja foto con Santa Claus y
darte cuenta de que es tu papá con barba.
Tal
vez hay historias que están destinadas a contarse en cada generación y otras
que jamás encontrarán un final.
Lo
que sí sé es que hay muchas historias allá afuera que merecen ser contadas, no
solo las que nos sabemos de memoria. Estar presente en el inicio de un nuevo
éxito también es emocionante.