Mirla estaba furiosa,
su primo Nector era un tonto, la había delatado con sus padres. Hacía solo unos
minutos, cuando jugaba con sus compañeros de clase, se escondió con Matias en el baño de mujeres. Mientras esperaban, él se acercó y
le robó un beso. Justo en ese momento los vio Nector y muerto de los celos corrió a decírselo a sus padres. Mirla se puso colorada y salió corriendo. Se
dirigió al mar, el único lugar donde podía meditar con tranquilidad.
Moviendo los pies en el
agua, sintió un leve mordisco en el dedo gordo derecho. Unos ojos se asomaron
entre el agua y luego el rostro de un hermoso niño apareció. Mirla no se
asustó, se sorprendió y le preguntó quién era.
Él no le respondió,
pero ella continuó la conversación.
—¿También estas solo?
Debes tener unos compañeros terribles.
El sirenito volvió a
morderle el dedo y Mirla sonriendo le dijo:
—Si tú quieres podemos
ser amigos y estar juntos por siempre.
Él asentó con la cabeza
varias veces.
—Entonces, seamos
amigos —dijo Mirla.
Y abriendo bien la
boca, el sirenito se tragó a la niña de un solo mordisco.

