El director gritó corte y la cenicienta se quitó
las zapatillas de cristal.
Lanzó un suspiro, le dolían los pies terriblemente.
El cuento por fin había terminado y su vida debía continuar con un "felices
por siempre"; o eso le decían todos. Pero lo cierto es que después de casarse
con el príncipe encantador, había terminado por hartarse de su sonrisita de
niño bonito y sus canciones cursis sobre el amor. Lo peor de todo era cuando
llegaba la noche y quería ser tocada, pero el muy idiota no entendía las
indirectas, le daba un beso en la frente y apenas se animaba a acariciarla.
Cuando por fin lograban hacerlo, se disculpaba por todo y no dejaba de
preguntarle si "¿así estaba bien?".
Aunque nada de eso se comparaba con su reinado. Su regordete suegro no hacía más que desperdiciar el dinero en banquetes y
bailes mientras llenaba a su pueblo de deudas.
Cenicienta creyó que por ser princesa le
darían un buen cargo y de una vez por todas pondría las cosas en orden. Sin embargo, no le daban más que trabajos menores, como elegir dónde sembrar un árbol.
Al final tomó una resolución, se divorció del
príncipe, estudió derecho y sacó a sus hermanastras de la cárcel, después de
todo bien le habían advertido sobre el matrimonio y hasta dispuestas estaban a
tomar su lugar. Si las hubiese escuchado… Pero lo importante es que ahora tenía
una buena reputación como abogada y medio reino en sus manos, y con suerte obtendría el resto. Tenía buenas ideas para él. Ya era hora de impulsar la democracia y la participación política de la
mujer, pensó.
Así y después de cinco años se reunió con sus
compañeras, las demás princesas de los cuentos de hadas. Llamó a su hada madrina
y le pidió un vestido, esta vez uno con mangas cortas y falda hasta las
rodillas. Decidió optar por el metro en vez de los caballos y la calabaza para
llegar al punto de encuentro, pues su doctor le había recomendado no hablar más
con ratones ni lagartijas.
Cuando se vieron de nuevo, se sorprendió al
enterarse de que Blancanieves estaba embarazada, y si bien aún no sabía de
cuál enano era, guardaba sus sospechas respecto a gruñón. También supo que la Bella durmiente ya no lograba conciliar el sueño luego de tener a su tercer hijo y que
la Sirenita se había vuelto vegana, promotora de los derechos de los animales y
además vloggera de viajes; eso sí, no paró de grabar durante toda la charla y
antes de irse, les hizo prometer suscribirse a su canal.
A la reunión solo faltó Jazmín, quien tuvo que
asistir a la fiesta de presentación de su quinto libro de superación personal escrito
en colaboración con Aladino: Cómo una
lámpara me cambió la vida. Pero les envió fotos y saludos.
Pagaron la cuenta y, como quien dice, cada quien
para su casa, felices y contentas, pero no para siempre, porque el cuento no se
había acabado, aún les quedaban muchos chismes por contar.


Muy bueno.
ResponderEliminar¡Qué giro tan divertido e ingenioso! Me encantó ver a las princesas en roles tan modernos y reales. Una reinterpretación refrescante y entretenida.
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