Mi psicóloga me mandó
a responder esta pregunta y por supuesto dije que no. Me niego, le dije, a ser
salvadora de alguien, así como me niego a ser salvada por alguien.
Pero como siempre,
aunque la pregunta suene simple, simplemente no lo es.
Crecí bajo ciertos
conceptos en mi cabeza: la idea de que, como mujer, debía estar ahí para atender
las necesidades emocionales de mi pareja.
Y aquí te cito una historia que seguro
habrás escuchado. Es sobre dos amantes que no tenían nada más en el mundo que
su amor el uno por el otro. ¿Te suena? Ellos se amaron tanto que decidieron trabajar
en equipo para construir su hogar y salir adelante. Finalmente, después de muchos
años de esfuerzo, los amantes lograron cumplir sus sueños.
¡El amor de nuevo
rompiendo barreras, porque el verdadero amor puede con todo! No importa que tan
drogadicto, borracho, violento o manipulador sea tu pareja, tú, la otra mitad, tienes el deber de luchar por esa relación, por ese hogar de ensueño que tanto
quieres. Por eso tú, debes soportar las cargas del otro, ¿o no era así?
Cuando te das cuenta estas
solo en la lucha, porque tu otra mitad no está poniendo nada de su esfuerzo.
Pero a pesar de eso sigues intentándolo hasta el cansancio, porque se supone
que si te esfuerzas por alguien esa persona cambiará y te recompensará
brindándote su fidelidad por el resto de sus días.
Esta historia de
telenovela suena demasiado hermosa para ser cierta y eso es porque no lo es. Tú
no estás obligado a atender las cargas emocionales de nadie, pues con las tuyas
es más que suficiente.
Apuesto a que has
escuchado alguna vez la historia de una madre, una tía o una prima que dio todo
por su marido. Se aguantaba las borracheras, las infidelidades y las malas
palabras para que al final el tipo nunca cambiase, siguiera siendo el mismo
abusador de siempre, solo que más anciano y menos amenazante.
Y sí, cito casos de
mujeres, porque es sobre todo a mujeres a quienes más nos ocurren estas cosas,
porque mientras el hombre fue criado como el proveedor del dinero y la comida,
a las mujeres nos dejaron a cargo de las tareas emocionales.
A día de hoy, aunque
parezca que estos papeles han desaparecido, todavía puedo encontrar en los
medios de comunicación series, películas, animes y comics en los cuales la
mujer representa el papel de heroína emocional del hombre. Su personaje tiene un único propósito en la historia y eso es servir de apoyo incondicional al héroe.
Soy fan del anime y
el manga, pero debo reconocer que mi necesidad de ser la salvadora de alguien
devino en gran parte de lo que veía o leía en estos formatos. Hoy en día, sigo
amando el anime y el manga, pero soy más consciente de las cosas que consumo.
Por otra parte, si
eres hombre tampoco tienes por qué sentirte excluido de este artículo y confío
en que tu masculinidad no será tan frágil como para no poder ver la sobrecarga
emocional con la que la mayoría de las mujeres a lidiado o sigue lidiando. En
todo caso, te invito a leer sobre este artículo: Masculinidad herida.
Siguiendo con el
tema, es posible que en algún momento hallamos querido ser esa figura salvadora
de alguien, incluyéndome. Un sentimiento con el que aún estoy lidiando.
Y en este punto
quiero que entiendas que no me refiero a que debamos ser antipáticos y debamos
centrarnos solo en nosotros mismos, eso no está bien, somos seres sociales y
necesitamos aprender a convivir unos con otros para sobrevivir.
Pero no podemos
esperar a cargar con los traumas de otra persona por más dolor y pesar que
esto nos cause, y para ello te pondré un ejemplo utilizando un perrito, nuestros perritos de las emociones.
Imagínate que A y B
tienen cada uno un perrito de las emociones y deciden iniciar entre ellos una
relación. Antes de vivir juntos, el perrito de A estaba muy bien cuidado,
porque A hacía un buen trabajo bañándolo, dándole de comer y llevándolo de
paseo. Pero cuando A conoció al perrito de las emociones de B se sorprendió al
ver que este estaba bajo de peso, pues B solo lo alimentaba una vez al día; sin contar que estaba descuidado en otras áreas.
"A" entonces se
compadece del perrito de B y decide hacerse cargo. Comienza a alimentarlo más
seguido, lo saca a pasear y juega con él, cosa que B no hacía. Con el tiempo,
el perrito de las emociones de B sube de peso y luce mucho mejor a como estaba
antes, pero A se da cuenta de un problema. Y es que por más que se esfuerza, el
perrito de las emociones de B no logra verse tan bello como su propio perrito.
Y eso no es todo,
cuando A va a revisar a su perrito de las emociones ve que este ahora luce
descuidado y ha bajado de peso. Lo que ocurrió es que A estuvo tan ocupado
cuidando al perrito de B que sin querer desatendió el suyo.
"A" entonces decide
tomar una decisión, devolverle el cuidado a B de su perrito de las emociones.
Poco después de esta resolutiva, el perrito de B vuelve a verse tan acabado
como antes, mientras el perrito de A vuelve a verse igual de sano que antes. "A" todavía siente lástima por el perrito de B, pero sabe que no puede hacer nada
por él, pues cuidar a su propio perrito de las emociones es más importante.
De este ejemplo nos queda
una enseñanza y es que no podemos cuidar al perrito de las emociones de otra
persona, porque la felicidad de esa persona no depende de mí, depende de ella.
Esto fue algo que
tuve que aprender a las malas mientras pasaba por una relación tóxica. Entendí
que por más que me esforzara, él no iba a cambiar, porque yo estaba haciendo
todo su trabajo emocional, yo estaba siendo ese apoyo moral incondicional, de
manera que le ahorraba el trabajo de esforzarse por ser alguien mejor.
Así como yo nunca
debí intentar convertirme en la salvadora de mi ex, él nunca debió esperar a que
yo lo salvara. Y es que en general no podemos depender emocionalmente de nadie,
ni esperar que alguien dependa emocionalmente de nosotros.
Por un lado, si
dependemos de alguien más, existe el riesgo de que esa persona se marche y
todas nuestras emociones se vengan abajo. Por el contrario, si alimentamos el
perrito de las emociones de otro terminaremos agotados, porque eso implica
hacer el doble de esfuerzo por mantener sanos a los dos perritos.
Todos vivimos con un
perrito de las emociones al lado y a veces podemos compartir esos perritos con otros,
por ejemplo, cuando hablamos con nuestros amigos sobre nuestras preocupaciones.
De seguro nos sentiremos mejor después de hacerlo, pues al final somos seres
sociales. Pero sabemos y reconocemos que cada quien se hace cargo de su propio
perrito de las emociones. De esa manera, nuestros amigos no sentirán una carga
excesiva, ni nosotros sentiremos ese alivio espontáneo. No hay necesidad de
llegar a eso para sentirnos bien.
Como en el ejemplo,
lo único que tuvo que hacer "A" fue cuidar a su perrito y eso es justo lo que
debemos hacer nosotros, cuidarnos. Todos los días debemos alimentar nuestra
autoestima, realizar actividades que nos hagan sentir aliviados y dedicarnos
tiempo.
En el ejemplo, si B
hubiese cuidado a su propio perrito de las emociones A nunca se hubiese
marchado de su lado, porque la felicidad era equitativa y el trabajo era mutuo
sin necesidad de que el uno dependiese del otro.
No podemos culpar a
los demás de lo mal que luce nuestro perrito de las emociones, porque somos los
únicos responsables de cuidar de él. B puede sentir celos del perrito de A,
pero A no tiene la culpa, el único culpable por no cuidar a su mascota es B.
Por eso, si en este
momento eres A y no te sientes valorado lo suficiente, ves que tu esfuerzo no
está teniendo resultado y en su lugar te sientes más y más agotado, no tienes
por qué quedarte a esperar a que las cosas cambien. Deja ya de cuidar del
perrito de las emociones de alguien más y comienza a cuidar al tuyo.
Ese salvador que
esperamos de niños nunca vendrá. Cuando estaba triste, cuando sentía ganas de
escapar de todos, cuando me sentía rechazada, nadie vino nunca a darme ánimos,
a decirme “tú puedes”, “no te rindas”. Al fin de cuentas yo siempre fui mi
propia salvadora.


Hola,
ResponderEliminarMe siento muy identificada con lo que escribes, yo también intente salvar a alguien con problemas de drogas y salud mental, muchas veces le rogue que fuera al psicológo y nunca lo hizo (lo hizo una vez, pero no quizo volver más), pense que si ponía mas de mi parte el podría estar bien, y paso como mencionas en tu artículo (con el ejemplo de los perritos) pero poniendolo en palabras claras, mi salud mental fue la que se desgasto.
Al finalizar la relación, me insulto y me culpo de todos su errores, cuando deje hasta mis sueños por vigilar los suyos.
Espero pronto ser la salvadora de mi historia.
Un gusto leerte!
Hola, en serio muchas gracias por tu comentario, me encantaría saber más de tu historia. De verdad, me alegra saber que haberme tomado el tiempo para escribir esto valió la pena solo por alegrarle el día a alguien. Tomaré nota de tu sugerencia
ResponderEliminarPerdón, me tocó dividir la historia en tres comentarios, ya qué era muy larga 😅
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