Redes sociales

Escríbeme un mensaje Sígueme en YouTube Sígueme en Facebook Sígueme en Tiktok Sígueme en Wattpad Sígueme en Instagram Sígueme en Threads

¿Quieres ser el salvador o la salvadora de alguien? Piénsalo dos veces

 



Mi psicóloga me mandó a responder esta pregunta y por supuesto dije que no. Me niego, le dije, a ser salvadora de alguien, así como me niego a ser salvada por alguien.


Pero como siempre, aunque la pregunta suene simple, simplemente no lo es.


Crecí bajo ciertos conceptos en mi cabeza: la idea de que, como mujer, debía estar ahí para atender las necesidades emocionales de mi pareja.


Y aquí te cito una historia que seguro habrás escuchado. Es sobre dos amantes que no tenían nada más en el mundo que su amor el uno por el otro. ¿Te suena? Ellos se amaron tanto que decidieron trabajar en equipo para construir su hogar y salir adelante. Finalmente, después de muchos años de esfuerzo, los amantes lograron cumplir sus sueños.


¡El amor de nuevo rompiendo barreras, porque el verdadero amor puede con todo! No importa que tan drogadicto, borracho, violento o manipulador sea tu pareja, tú, la otra mitad, tienes el deber de luchar por esa relación, por ese hogar de ensueño que tanto quieres. Por eso tú, debes soportar las cargas del otro, ¿o no era así?


Cuando te das cuenta estas solo en la lucha, porque tu otra mitad no está poniendo nada de su esfuerzo. Pero a pesar de eso sigues intentándolo hasta el cansancio, porque se supone que si te esfuerzas por alguien esa persona cambiará y te recompensará brindándote su fidelidad por el resto de sus días.


Esta historia de telenovela suena demasiado hermosa para ser cierta y eso es porque no lo es. Tú no estás obligado a atender las cargas emocionales de nadie, pues con las tuyas es más que suficiente.


Apuesto a que has escuchado alguna vez la historia de una madre, una tía o una prima que dio todo por su marido. Se aguantaba las borracheras, las infidelidades y las malas palabras para que al final el tipo nunca cambiase, siguiera siendo el mismo abusador de siempre, solo que más anciano y menos amenazante.


Y sí, cito casos de mujeres, porque es sobre todo a mujeres a quienes más nos ocurren estas cosas, porque mientras el hombre fue criado como el proveedor del dinero y la comida, a las mujeres nos dejaron a cargo de las tareas emocionales.


A día de hoy, aunque parezca que estos papeles han desaparecido, todavía puedo encontrar en los medios de comunicación series, películas, animes y comics en los cuales la mujer representa el papel de heroína emocional del hombre. Su personaje tiene un único propósito en la historia y eso es servir de apoyo incondicional al héroe.


Soy fan del anime y el manga, pero debo reconocer que mi necesidad de ser la salvadora de alguien devino en gran parte de lo que veía o leía en estos formatos. Hoy en día, sigo amando el anime y el manga, pero soy más consciente de las cosas que consumo.


Por otra parte, si eres hombre tampoco tienes por qué sentirte excluido de este artículo y confío en que tu masculinidad no será tan frágil como para no poder ver la sobrecarga emocional con la que la mayoría de las mujeres a lidiado o sigue lidiando. En todo caso, te invito a leer sobre este artículo: Masculinidad herida.


Siguiendo con el tema, es posible que en algún momento hallamos querido ser esa figura salvadora de alguien, incluyéndome. Un sentimiento con el que aún estoy lidiando.


Y en este punto quiero que entiendas que no me refiero a que debamos ser antipáticos y debamos centrarnos solo en nosotros mismos, eso no está bien, somos seres sociales y necesitamos aprender a convivir unos con otros para sobrevivir.


Pero no podemos esperar a cargar con los traumas de otra persona por más dolor y pesar que esto nos cause, y para ello te pondré un ejemplo utilizando un perrito, nuestros perritos de las emociones.


Imagínate que A y B tienen cada uno un perrito de las emociones y deciden iniciar entre ellos una relación. Antes de vivir juntos, el perrito de A estaba muy bien cuidado, porque A hacía un buen trabajo bañándolo, dándole de comer y llevándolo de paseo. Pero cuando A conoció al perrito de las emociones de B se sorprendió al ver que este estaba bajo de peso, pues B solo lo alimentaba una vez al día; sin contar que estaba descuidado en otras áreas.


"A" entonces se compadece del perrito de B y decide hacerse cargo. Comienza a alimentarlo más seguido, lo saca a pasear y juega con él, cosa que B no hacía. Con el tiempo, el perrito de las emociones de B sube de peso y luce mucho mejor a como estaba antes, pero A se da cuenta de un problema. Y es que por más que se esfuerza, el perrito de las emociones de B no logra verse tan bello como su propio perrito.


Y eso no es todo, cuando A va a revisar a su perrito de las emociones ve que este ahora luce descuidado y ha bajado de peso. Lo que ocurrió es que A estuvo tan ocupado cuidando al perrito de B que sin querer desatendió el suyo.


"A" entonces decide tomar una decisión, devolverle el cuidado a B de su perrito de las emociones. Poco después de esta resolutiva, el perrito de B vuelve a verse tan acabado como antes, mientras el perrito de A vuelve a verse igual de sano que antes. "A" todavía siente lástima por el perrito de B, pero sabe que no puede hacer nada por él, pues cuidar a su propio perrito de las emociones es más importante.


De este ejemplo nos queda una enseñanza y es que no podemos cuidar al perrito de las emociones de otra persona, porque la felicidad de esa persona no depende de mí, depende de ella.


Esto fue algo que tuve que aprender a las malas mientras pasaba por una relación tóxica. Entendí que por más que me esforzara, él no iba a cambiar, porque yo estaba haciendo todo su trabajo emocional, yo estaba siendo ese apoyo moral incondicional, de manera que le ahorraba el trabajo de esforzarse por ser alguien mejor.


Así como yo nunca debí intentar convertirme en la salvadora de mi ex, él nunca debió esperar a que yo lo salvara. Y es que en general no podemos depender emocionalmente de nadie, ni esperar que alguien dependa emocionalmente de nosotros.


Por un lado, si dependemos de alguien más, existe el riesgo de que esa persona se marche y todas nuestras emociones se vengan abajo. Por el contrario, si alimentamos el perrito de las emociones de otro terminaremos agotados, porque eso implica hacer el doble de esfuerzo por mantener sanos a los dos perritos.


Todos vivimos con un perrito de las emociones al lado y a veces podemos compartir esos perritos con otros, por ejemplo, cuando hablamos con nuestros amigos sobre nuestras preocupaciones. De seguro nos sentiremos mejor después de hacerlo, pues al final somos seres sociales. Pero sabemos y reconocemos que cada quien se hace cargo de su propio perrito de las emociones. De esa manera, nuestros amigos no sentirán una carga excesiva, ni nosotros sentiremos ese alivio espontáneo. No hay necesidad de llegar a eso para sentirnos bien.


Como en el ejemplo, lo único que tuvo que hacer "A" fue cuidar a su perrito y eso es justo lo que debemos hacer nosotros, cuidarnos. Todos los días debemos alimentar nuestra autoestima, realizar actividades que nos hagan sentir aliviados y dedicarnos tiempo.


En el ejemplo, si B hubiese cuidado a su propio perrito de las emociones A nunca se hubiese marchado de su lado, porque la felicidad era equitativa y el trabajo era mutuo sin necesidad de que el uno dependiese del otro.


No podemos culpar a los demás de lo mal que luce nuestro perrito de las emociones, porque somos los únicos responsables de cuidar de él. B puede sentir celos del perrito de A, pero A no tiene la culpa, el único culpable por no cuidar a su mascota es B.


Por eso, si en este momento eres A y no te sientes valorado lo suficiente, ves que tu esfuerzo no está teniendo resultado y en su lugar te sientes más y más agotado, no tienes por qué quedarte a esperar a que las cosas cambien. Deja ya de cuidar del perrito de las emociones de alguien más y comienza a cuidar al tuyo.


Ese salvador que esperamos de niños nunca vendrá. Cuando estaba triste, cuando sentía ganas de escapar de todos, cuando me sentía rechazada, nadie vino nunca a darme ánimos, a decirme “tú puedes”, “no te rindas”. Al fin de cuentas yo siempre fui mi propia salvadora.



 

 

Entradas que pueden interesarte

3 comentarios

  1. Hola,
    Me siento muy identificada con lo que escribes, yo también intente salvar a alguien con problemas de drogas y salud mental, muchas veces le rogue que fuera al psicológo y nunca lo hizo (lo hizo una vez, pero no quizo volver más), pense que si ponía mas de mi parte el podría estar bien, y paso como mencionas en tu artículo (con el ejemplo de los perritos) pero poniendolo en palabras claras, mi salud mental fue la que se desgasto.
    Al finalizar la relación, me insulto y me culpo de todos su errores, cuando deje hasta mis sueños por vigilar los suyos.
    Espero pronto ser la salvadora de mi historia.
    Un gusto leerte!

    ResponderEliminar
  2. Hola, en serio muchas gracias por tu comentario, me encantaría saber más de tu historia. De verdad, me alegra saber que haberme tomado el tiempo para escribir esto valió la pena solo por alegrarle el día a alguien. Tomaré nota de tu sugerencia

    ResponderEliminar
  3. Perdón, me tocó dividir la historia en tres comentarios, ya qué era muy larga 😅

    ResponderEliminar