Imagínate que una noche sueñas
que eres una cortesana japonesa de la era Edo. Como lo intuirás, no es un sueño
cualquiera, pues en el mundo del pasado eres libre de sentir a gusto. Mientras
Riko, la protagonista de esta historia, se debate constantemente sobre el amor
que siente hacia su esposo, cada noche sus sueños la llevan a una época más
restrictiva en cuestión de roles, pero más abierta en cuestión de pasiones.
Soy Dotatodi, esto es Entropía de
Letras, y hoy te contaré mi opinión sobre el Tercer amor de Hiromi Kawakami.
No quise leerte la sinopsis que
trae el libro, porque al final me di cuenta de que era un spoiler completo de
todo lo que ocurre en él.
La historia en sí es muy
sencilla. Riko es una esposa que lo ha dado todo por su esposo, pero tras
varias infidelidades se pregunta qué significa el amor. Un día, se reencuentra
con un viejo amigo, el conserje de su escuela primaria, y a partir de allí,
Riko comienza a tener sueños con mujeres del pasado. Mujeres que tal vez
existieron o tal vez no, pero que le hacen replantearse el significado de su
propia vida.
Mi
opinión sobre el libro
Para el momento en que escribo
esto, todavía tengo un sentimiento de amor-odio con este libro, porque, aunque
hubo cosas que disfruté mucho, me disgustaron muchas otras también.
Debo reconocer que lo odié las
primeras 60 o 70 páginas, las cuales representan la juventud de Riko y parte de
su adultez―justo antes de que comienza a tener los sueños―, porque la
protagonista era insoportable.
Antes que nada, debes entender
que el libro está narrado en primera persona, por lo que es inevitable sentirte
bombardeada por las emociones que Riko expresa hacia su esposo.
¿Y te preguntarás qué tiene eso
de malo?
Lo primero es que Riko era una
bebé, una niña apenas consciente de sí misma cuando conoció a Na-chan y se
enamoró de él, por lo que es como si nunca hubiese tenido la libertad de
escoger otro amor más que el suyo.
Na-chan, en cambio, creció como
el típico don Juan japonés con el que todas se morían por estar, incluidas
mujeres mayores; o al menos así lo describe Riko.
Esto sin contar que entre ellos
había una diferencia de edad como de diez años, siendo Na-chan el mayor de los
dos—una gran red flag—.
Pero esto apenas empieza, y a
partir de aquí te advierto que van a ver spoiler, así que sigues leyendo bajo
tu propio riesgo.
Na-chan es perfectamente consciente
de que Riko lo ama y por eso no duda en acostarse con ella cuando esta cumple
los dieciocho años. Para ese momento en la historia, él está trabajando en una
empresa al otro extremo de Japón, porque recordemos que Na-chan es un hombre
mayor. Pero lo peor no es eso, sino que al tiempo que se acuesta con Riko, sale
con una chica de allá, a quien Riko solo llega a conocer como “la mujer de
Kyushu”.
A pesar de esto, Riko—mi amiga la
menos migajera—lo acepta, así como acepta que Na-chan la vea solo dos veces al
año, cuando regresa a Tokio con el solo propósito de tener intimidad con ella.
Siguen los años y Riko se gradúa
de la universidad directo a los brazos de Na-chan, con quien se casa. A pesar
de que este último ha dejado por completo a la mujer de Kyushu, sus amoríos siguen
yendo y viniendo; lo que en algún punto termina afectando a Riko.
Lo que me estresa y me resulta
casi insoportable es que Riko justifica cada acción de Na-chan, sin que esto en
sí cambie a lo largo de la historia. Al final, vemos a una Riko más madura, que
ya no da la vida por su esposo y tiene otras aspiraciones―como trabajar―, pero
no existe tal cosa como un arrepentimiento o un reproche a la figura que
Na-chan representa.
En algún punto esperas que la
protagonista reaccione y tome la decisión de terminar con su relación, pero
mientras más te acercas al final te das cuenta de que ese momento nunca
llegará, al menos no en el libro.
Pero por extraño que parezca, a
una parte de mí también le agrada que así sea. Es interesante encontrarse con
un libro en donde la protagonista no tiene un desarrollo de personaje al ciento
por ciento.
Y no quiero que malinterpreten.
Amo a los personajes que tienen un buen desarrollo de trama, sobre todo, cuando
esto aporta a la historia. Pero también siento que es exagerado pretender que
una persona real cambie del cielo a la tierra.
Riko, con todo su amor, puede
resultar molesta a ratos, pero se siente real, porque en ella veo representada
la situación de miles de mujeres y, de seguro, miles de japonesas. Mujeres que
requerirían más que un sueño en 4D para despertar de su situación.
Mi
parte favorita
Aparte de esto, el libro trae un
concepto que me resulta muy interesante y que fue lo que me ayudó a seguir
leyendo y a no desatender la historia. Me refiero a los sueños de Riko.
En este caso, Riko tiene dos
sueños que se prolongan en el tiempo. En el primero, sueña que es una Oiran,
una cortesana de Yoshiwara llamada Shungetsu. En el segundo sueña que es una
dama de compañía de una princesa japonesa de la era Heian.
Así las cosas, encontraremos que
el libro se divide en tres partes, ya que carece de capítulos. La primera
abarca el nacimiento de Riko hasta el final del primer sueño. La segunda va del
nacimiento de su hijo hasta el final del segundo sueño. Y la tercera comienza
meses después del último sueño, cuando Riko decide conseguir trabajo; que es la
parte más corta de todas.
Lo que me llamó la atención de
estos sueños es que te dan muchos datos de historia antigua, lo cual me
encanta, porque soy amante de los datos históricos sin importar de dónde vienen,
pero sobre todo si son de Japón, porque me gusta mucho esta cultura.
Dejando eso de lado, creo que
puedo entender a la Riko que vivió esos sueños, quiero decir, a sus
sentimientos. Antes de escribir El hotel
de los recuerdos yo soñé que era Mateo, el protagonista de mi historia, y
no fue la primera vez que algo así me ocurrió.
En esta clase de sueños soy consciente
de que estoy interpretando un papel y sé cosas que solo podría saber el
personaje. En el caso de El hotel de los recuerdos yo era Mateo y a la
vez era Dotatodi, pero mi consciencia como Dotatodi se mantenía lejos, como si
viera todo a través de los ojos del protagonista y no tuviera voluntad en sus
decisiones.
El hecho de que una escritora
japonesa describa lo que se siente habitar el cuerpo de otra persona en un
sueño, me hace creer que ella también soñó alguna vez que era una mujer de la
antigüedad.
Otra cosa que pude notar es que en
la narración hay momentos—hablo de escenas puntuales— que se repiten. En él se
menciona mucho las narraciones literarias del antiguo Japón, en especial los
Cantares de Ise.
Las aventuras de Narihira con la
princesa Takaiko están presentes, tanto en la vida de Riko como en sus sueños.
La historia es más o menos así: Narihira es un príncipe que se enamora de la
princesa Takaiko, pero Takaiko es prometida al emperador. Esta situación lleva
a que los amantes planeen su fuga, la que llevan a cabo durante una noche de
tormenta. Finalmente, llegan a un granero donde se refugian de la lluvia.
Narihira se queda en la entrada,
a vigilar que nadie venga. Su vigilia se prolonga hasta el alba debido a la
tormenta. Cuando amanece va a ver cómo está su amada, pero no la encuentra, ha
desaparecido. Angustiado, Narihira la busca por todos lados, pero ella
simplemente se ha esfumado. Al final, Narihira se convence de que ha sido
devorada por un demonio. La realidad es mucho más simple, los hermanos de la
princesa supieron de la fuga y los siguieron. Así que mientras Narihira
vigilaba la entrada, se escabulleron y se llevaron consigo a la princesa.
Este fragmento tomado de Los cantares de Ise se repite a lo largo
de la historia de Riko, de alguna u otra forma, como amante, como testigo y
como víctima.
Parece algo divertido si lo miras
una vez, pero cuánto más lo analizo me doy cuenta de que no existe un
significado correcto. El libro no pretende decirte cuál es la forma correcta de
vivir o amar, pero te muestra que las mujeres del pasado no son tan distintas a
las mujeres del presente. Que en ambos casos existen y existían limites que no
se podían evitar.
Tendemos a creer que las mujeres
del pasado sufrían, encadenadas a su estilo de vida y a las reglas impuestas
por la sociedad, pero la libertad de hoy también conlleva sus propias trampas.
Una mujer del pasado podía ser obligada a casarse, pero eso no garantizaba su
infelicidad. La mujer de hoy puede escoger con quien casarse, pero esto tampoco
garantiza su felicidad.
No por eso pienso que las reglas
de antes eran mejores, solo creo que el mundo nunca ha sido ni blanco y ni negro.
Como lo dijo Michiko, una de las personajes, al final del libro: «la generación
de Riko carece de una base sólida, como si pisaran un terreno esponjoso».
Reflexión
final
Lo cierto es que parece que la
autora se divierte con tu tormento, arrojando piedras aquí y allá sin ninguna
explicación, como si todo ocurriera por simple coincidencia.
Sin embargo, en el fondo sabes que
no es así y que lo que busca es hacerte reflexionar sobre algo que nunca vas a
saber explicar con palabras.
Esto es en sí lo que más me
atrapó del escrito. Más allá de la historia de Riko y de sus sueños sobre el
pasado, amo las reflexiones inconclusas que deja la autora. Siento que hay
mucho de ella en el libro y a la vez no.
Como escritora, me quedo con la
emoción que se siente al escribir una historia. El tiempo que como escritores
dedicamos a envolver situaciones que no parecen tener una conexión entre sí es
emocionante. Nuestra misión no es dar conclusiones, es preparar el terreno para
que las generaciones de lectores puedan dar sus propias interpretaciones; aun
si no tienen sentido.
